Ramón Enrique Gaviola

Lugar y fecha de nacimiento: Mendoza, Argentina 31/08/1900

Lugar y fecha de defunción: Mendoza, Argentina 07/08/1989

Fecha de designación: 20/04/1956

Disciplina de incorporación: Física

Actas C. D. relacionadas: Designación como Académico Titular , Designación como Académico Emérito

En 1946, la Revista de la Unión Matemática Argentina publicó un memorándum sobre «La Argentina y la era atómica». El país, entonces, no tenía más que una veintena de físicos y químicos, algunos de primer nivel, que resultaban insuficientes para crear una física nacional a tono con la revolución que había ocurrido en esa disciplina, a nivel internacional, durante la primera mitad del siglo. En el memorándum se lee: «Si tuviéramos mil [físicos y químicos] -y entre ellos tres o cuatro de primera línea- la industria podría abrir laboratorios industriales, las universidades podrían tener profesores que supiesen enseñan a investigar investigando, los institutos y laboratorios podrían publicar trabajos que serían recibidos en las páginas de revistas científicas internacionales y podríamos construir institutos tecnológicos. Pero tenemos veinte…»

El autor del trabajo era Enrique Gaviola, quien fuera al cabo de los años, uno de los físicos más destacados del país y que, en ese momento, llevaba muchos años ocupado en formar científicos y traer otros del extranjero. Para esta tarea promotora, Gaviola propuso crear una Comisión Nacional de Investigaciones, proyecto que no prosperó. Sin embargo, de la mano de Gaviola había llegado en 1943 Guido Beck, que a la sazón sería una de las figuras fundamentales de la física nacional. También estuvo a punto de arribar Werner Heisemberg, uno de los referentes mundiales de la teoría cuántica, pero algunas circunstancias de último momento impidieron la llegada.

Enrique Gaviola nació en Mendoza en 1900, fue un extraordinario científico, docente y político científico. Su formación, comenzada en 1917 en la Facultad de Ingeniería de La Plata, se desarrolló esencialmente en Alemania, adonde llegó en 1922. Allí estudiaría física y sería alumno de los científicos más encumbrados de la época y el siglo: Albert Einstein, Lise Meitner, Walter Nerst, etc.

Obtuvo su Doctorado en la Universidad de Berlín en 1926 y marchó a los Estados Unidos, donde solicitó una beca Rockefeller. Le fue negada, con el argumento de que nunca un latinoamericano había accedido a ella. La situación provocó el enojo de Einstein, que valió tanto como el financiamiento no recibido: «Yo le mostré eso [la nota de rechazo] a Einstein -recordaría Gaviola- y Einstein se enojó, y ahí mismo, sobre el borde de la escalera, le escribió una carta al representante de la Rockefeller.»

No obstante, Gaviola se quedó en los Estados Unidos, donde trabajó con el eminente físico experimental Robert Wood. Más tarde, entre 1828 y 1829, fue físico asistente del Departamento de Magnetismo Terrestre en el Carnegie Institute de Washington, donde trabajó en un proyecto que sería un importante antecedente de un acelerador de partículas con el que se obtuvo un potencial de cinco millones de voltios.

Regresó a la Argentina en 1930, para iniciar una prédica por el desarrollo científico del país y ocupar importantes cargos, como el de Director del Observatorio Astronómico de Córdoba, y ser profesor en varias universidades, como la de Buenos Aires, donde dirigió la Cátedra de Físico- Química en la Universidad de Ciencias Exactas y Naturales (1930-1936). También impulsó la creación de la Asociación Física Argentina, que presidiría, y del Instituto de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad de Córdoba, creado en 1956 para apoyar las actividades de Observatorio. En particular, su labor como primer presidente de la Asociación Física fue preponderante: según una publicación institucional, Gaviola, «por su propio peso, se dirigía en tal carácter a senadores, diputados y ministros para recomendar o criticar medidas que hacían a la vida científica del país. La importancia de la AFA para el desarrollo de la física en la Argentina es indudable y en épocas aciagas mantuvo encendido el interés por la investigación.»

Gaviola fue también un eminente astrónomo. En 1956 demostró que el Norte Chico chileno era una región de muy alta calidad de cielo, por lo cual propuso la instalación de un observatorio interamericano, en el que participarían la Argentina, Chile y Uruguay. La idea no prosperó, pero el proyecto fue retomado por distintas comisiones norteamericanas y chilenas, que comprobaron, mediante mediciones, la exactitud de la evaluación de Gaviola. Posteriormente, se instalaron en el Norte Chico tres grandes observatorios: el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, el European Southern Observatory y el Carnegie Southern Observatory. Por otra parte, bajo la dirección de Gaviola, el Observatorio de Córdoba se transformó en un centro científico de primer orden, con astrónomos y físicos que tenían una dedicación exclusiva a la investigación, un excelente taller de óptica, cursos académicos de calidad, etc.

Esta labor como astrónomo fue reconocida en 1981, cuando la Unión Astronómica Internacional le dio su nombre al asteroide 2504 descubierto en Córdoba en 1967. Por su labor en física y en óptica había sido premiado, en 1978, con la Medalla de Oro Dr. Ricardo Gans, otorgada por la Universidad de La Plata y, en 1980, con la Medalla de Oro del Centro de Investigaciones en Optica.

En 1956, fue nombrado Académico Titular en la Academia Nacional de Ciencias.

Enrique Gaviola falleció en 1989, en Mendoza. Sin quitar ningún mérito a su labor científica, se lo recuerda hoy como un infatigable promotor del desarrollo científico nacional, para el cual forjó numerosos proyectos y consagró buena parte de su actividad.

3 respuestas a «Ramón Enrique Gaviola»

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